viernes, 31 de julio de 2009

PARTICIPAR EN CONCURSOS

Como todo en esta vida participar en concursos tiene defensores y detractores. Generalmente los que no han conseguido ganar ningún certamen suelen hablar en contra (están amañados, no sirven para nada, no quieren “fabricarse un currículum a base de concursos”…). Quienes han ganado alguno lo ven de otra manera.
Participar en concursos es, sobre todo, una forma de obligarse a escribir y someterse al juicio de otros. En mi caso ha representado poder entrar en contacto con el mundo literario y, también, una especie de terapia contra el desánimo pero, sobre todo, una forma de ponerme las pilas, de escribir con un objetivo, de sistematizar mi manera de escribir…
Os cuento. La primera vez que participé en un concurso literario fue en el instituto, con 16 años, y quedé en segundo lugar (el premio fueron mil pelas y una rosa). No volví a presentarme a otro hasta unos años después cuando iba a la uni y a partir de ese momento fui participando en alguno de vez en cuando. En el año 2005 empecé a escribir y a participar en concursos de manera sistemática. Me pasaba el día escribiendo, una media de 6 u 8 horas diarias y de todo. Fue una época estupenda, la cabeza me bullía de ideas y la productividad era enorme.
El balance no fue positivo, pero seguí adelante. En ese momento me parecía una buena manera de hacer cosas. Era una especie de taller literari. Para enterarme de los concursos que se iban organizando me compré la
Guía de Premios y Concursos literarios en España de Fuentetaja. Supongo que en la edición actual habrá mejorado pero en su momento resultó ser un libro caro y poco útil, para ser sincera, bastante malo.
Un día, indagando en la red, fui a parar a Letralia. Esta revista es una estupenda fuente de información sobre los concursos literarios de habla hispana que se celebran en todo el mundo. Sólo hay que registrarse y periódicamente vas recibiendo las convocatorias en el correo electrónico. Me enteré de cuatro de mis cinco concursos con premio por este medio. El primer logro llegó en 2006 justo cuando me desanimaba y pedía una señal para saber que estaba en el buen camino.
Curiosamente los dos últimos años han sido los de mejor balance, eso que me dedico poco por falta de tiempo. Mi conclusión es que el periodo que estuve escribiendo y enviando cosas sin resultados me sirvió para mejorar. Además, a la larga, esta actividad no sólo me ha aportado diplomas, dinero, regalos y empujoncitos al ego. Ganar concursos me ha permitido publicar mi primera novela, una antología de relatos conjunta y este otoño la segunda, he conocido a grandes de la literatura como Jordi Sierra o Ricardo Gómez y he disfrutado un sinfín de cosas más derivadas de haberlos ganado.
Ganar el YoEscribo hizo que mis sueños de escritora dieran un giro de muchísimos grados. Con una novela publicada, aunque no sea “como Dios manda”, el trato que te da la gente es diferente. Ya no mandas unos escritos, mandas tu novela editada y eso es un plus. También es cierto que detrás de todo eso hay un gran trabajo por mi parte intentando contactar con gente, llamando a puertas… pero el inicio fueron los concursos.Mi consejo es atreverse a participar en concursos sin desanimarse si no se gana ninguno, sin obsesionarse con ganar, aprendiendo de cada relato enviado… Hay que pensar que el jurado es subjetivo, que también influye el factor suerte y, sobre todo, que no ganar no quiere decir que no escribamos bien. Escribir para concursos es una estupenda escuela.

jueves, 30 de julio de 2009

UN PEQUEÑO PASO


Fallo del III certamen Jirones de Azul edición especial Sonrisa de Gato 2009

Una vez reunido el Jurado compuesto por Rosa García Perea, Esperanza García Perea, y Begoña Fernández Lorenzo, se emite el siguiente Fallo del III certamen Jirones de Azul en su edición especial Sonrisa de Gato: primer premio BLA BLA BLA segundo premioBLA BLA BLA
Mención Especial:
BLA BLA BLA BLA
María Dolores García Pastor por su obra: "Pupilas de gato"
BLA BLA BLA
En esta edición especial del certamen han participado 423 obras de diferentes ciudades españolas. Este certamen tenía como finalidad la concienciación contra el maltrato y el abandono animal, especialmente los gatos.En septiembre comenzará la recopilación de textos para la edición del libro, cuyos beneficios de venta irán destinados a la Asociación protectora de animales "No me abandones".

TIMADORES, VILLANOS Y OTROS DESAPRENSIVOS


El mundo de la escritura, de los escritores, de los libros es una maravilla pero también, y como todos, tiene sus peligros. En el camino encuentras gente estupenda pero también otra que más vale tenerla bien lejos.
Al fin y al cabo, como me decía mi amigo Carlos Hugo Asperilla, para nosotros es arte, una devoción, un sueño, pero para otros muchos es un puro negocio. Y es aquí donde se encuentra el foco de problema. En el mundo literario, sobre todo en el que envuelve al autor novel, hay mucho desaprensivo sin escrúpulos dispuesto a aprovecharse de los sueños y las ilusiones de los que empezanos.
Personalmente no he tenido ninguna mala experiencia aunque en alguna ocasión las haya rozado. He tenido la suerte de que otros que pagaron la novatada antes que yo me avisaran. No a todo el mundo le ha ido tan bien. Es por eso que os propongo hacer funcionar el boca-oreja para ponernos sobre aviso de estos energúmenos. Ayer, chateando con mi amiga Verónica Butler, supe de los muchos elementos de esta calaña con los que ha ido encontrándose antes de dar con su editora actual con la que está a punto de publicar "Los hijos de Caín".
Casualmente las dos conocíamos a cierto "agente literario"(Corazón Nácar o el chico creativo saben de quién hablo), por llamarlo de alguna manera, con el que hemos topado muchos de los que nos movemos por esta red. Alguien que no tiene miramientos. Alguien que reclama un 30% de las ganancias cuando lo normal (la tarifa de algunas de las mejores agencias literarias de este país) es el 10%. Y así un largo etcétera de despropósitos y abusos que no puedo relatar porque no conozco en primera persona. Supongo que habrá a quien le haya ido bien con él pero, de momento, todo lo que ha llegado a mis oídos es negativo. En fin, creo que en este oficio como en la vida hay que apelar a la solidaridad entre los que formamos el gremio. Creo que debemos contarnos estos abusos para evitar que vuelvan a pasar.

miércoles, 29 de julio de 2009

BREVE MANUAL DEL ESCRITOR AÚN INÉDITO


Con permiso de Guillermo Vega Zaragoza reproduzco parte de un artículo suyo que me parece muy acertado. Si queréis conocer a este escritor podéis entrar en su blog http://ombloguismo.blogspot.com/ o podéis agregarlo en el Facebook. Ahí van los 20 puntos de su manual:

"1) El primer paso es escribir.
2) Luego escribir.
3) Siempre escribir.
4) Inscribirse en un taller literario para que el maestro y los compañeros te medio orienten y señalen tus errores y carencias literarias más evidentes.
5) Seguir escribiendo y corrigiendo.
6) Enviar los textos con los que te sientas más satisfecho a suplementos, revistas y sitios de Internet.
7) No amilanarse si nadie los publica. Patricia Highsmith dijo que no tendrías que sentirte mal porque te mandaran dos o tres notas de rechazo, que te empieces a preocupar cuando se acumulen 22 ó 23, que sólo entonces guardaras el texto en el cajón y enviaras otro y otro y otro, porque cuando fueras famoso las editoriales se iban a pelear por tus textos y entonces les ibas a mandar todos esos que te rechazaron y que ahora te publican sin ninguna objeción.
8) Seguir escribiendo.
9) Si logras que alguien publique tus textos sin necesidad de ser su cuate o sin que te pida algo a cambio (generalmente algo relacionado con sexo si eres mujer, aunque también a los hombres les pasa cada vez con más frecuencia), puedes empezar a intuir que lo que escribes vale algo la pena.
10) Seguir escribiendo.
11) A estas alturas ya tendrás un buen tambache de cuartillas como para armar un libro. Lo puedes meter a uno de los cientos de concursos literarios que existen dentro y fuera del país. Cruza los dedos y ponte a esperar.
12) Si ganas un premio sin que alguno de tus amigos, tu cónyuge, novia o amante sea miembro del jurado, puedes intuir un poco más que lo que escribes vale la pena.
13) Aunque no ganes premio, sigue escribiendo, sigue concursando y mandando textos a publicaciones.
14) Asiste a presentaciones de libros y revistas, lecturas y conferencias, inscríbete en cursos literarios. Puedes ir a ligar chavas y a emborracharte en los cocteles, pero sobre todo tienes que ir porque ahí puedes conocer personas relacionadas con el medio literario (escritores, periodistas y editores). Haz plática con ellos y cuéntales que también escribes. Ojo: no ofrezcas luego luego tus textos. Primero establece contacto, haz que te ubiquen y luego se los enseñas.
15) Seguir escribiendo.
16) A estas alturas, ya habrás publicado en varios lados, te conocerá gente del medio y entonces podrás llegar a una editorial (generalmente una pequeña) a la que podrás ofrecer tu libro para que lo publique. Puedes ofrecérselo a 10 ó 15 editoriales, hasta que pegue con alguna. Recuerda que a J.K. Rowling le rechazaron el primer libro de Harry Potter en 22 editoriales antes de que se lo publicaran.
17) Si logras que publiquen tu libro y ya que no existen agencias literarias en México, tendrás que organizar tú mismo (porque la editorial es pequeña y no tiene presupuesto) la promoción, enviar boletines y libros a la prensa, sablear a amigos para que te paguen el vino y los bocadillos, e invitar a todos los cuates que creyeron en ti y que publicaron tus textos.
18) Seguir escribiendo.
19) Repetir los pasos del 1 al 18 hasta lograr un poco de prestigio en el medio literario.
20) Ya que tengas algo de prestigio y hayas ganado algunos premios y becas, podrás aspirar a que te publique una editorial multinacional, de ésas que sólo publican a los consagrados, es decir, a todos aquellos escritores cuyo prestigio se forjaron ellos mismos y que a las editoriales multinacionales no les costó ni un peso apoyar, promover y forjar."

domingo, 26 de julio de 2009

LEER PARA ESCRIBIR


En una de las muchas clases de teoría del lenguaje a las que asistí en la universidad me hicieron leer un libro que hablaba sobre lectura y escritura. Cuando hablo de lectura no me refiero a descifrar un texto, esa es una función mecánica. Me refiero a leer como una de las mejores maneras de aprender.
Creo recordar que el libro en cuestión era “El lenguaje” de Edward Sapir. Podría intentar buscarlo para contrastar lo que digo pero es una tarea titánica meterse en mi parking a rebuscar entre las muchas cajas de libros que continúan apiladas después de la mudanza. Una de las ideas que recuerdo era que todo gran escritor ha sido o es un gran lector pero no necesariamente un gran lector tiene que ser un gran escritor (aunque puede aprender a serlo). A lo largo de estos años me he encontrado con mucha gente que se cree que el haber leído mucho es la credencial suprema que les legitima como escritores. Estos mismos luego no son nada sin el corrector de textos (no hay más que ver sus blogs plagados de faltas de ortografía) y suelen escribir textos redundantes ya que repiten palabras sin hacer uso de los sinónimos u otro recursos (lo cual denota una clara pobreza de vocabulario). No es una crítica, es una constatación de hechos.
El caso es que leer es una de las mejores maneras de aprender a escribir, la otra, la principal, es escribir. Leer pero de una manera crítica y analítica. Fijándose en las estructuras, en los recursos que hace servir cada autor, buscando palabras que no entendemos en un diccionario para ampliar nuestro vocabulario y fijándonos en las grafías para no cometer faltas de ortografía.
Leer analizando, parándose a reflexionar sobre la belleza de una frase, su profundidad, la manera en que nos ha tocado emocionándonos o hiriéndonos, asustándonos o haciéndonos reír. Pero cuidado, también corremos el peligro de convertirnos en burdos imitadores de otros escritores. ¿Cómo huir de ello? Intentando siempre ser uno mismo. Explicando las historias a nuestra manera utilizando nuestras propias palabras sin artificios forzados.

jueves, 23 de julio de 2009

EL "LIBRILLO" DE MAITE CARRANZA


Hoy me he dado el gustazo de charlar de literatura, libros y otros menesteres con la escritora Maite Carranza (www.maitecarranza.com). Lo de "librillo" del titular es por eso de que "cada maestrillo...". Pues bien, la autora de la famosa trilogía "La guerra de las Brujas", entre otros muchos libros, me ha explicado cómo escribe.
Su método es tenerlo todo bien ligado desde el principio. Para ello elabora guiones, hace fichas de personajes... "No empiezo a escribir hasta que no sé cómo voy a acabar", cuenta. Eso no quita para que durante el proceso creativo también vaya resolviendo situaciones que se van presentando. No tiene trucos, manías o rituales a la hora de ponerse a escribir sólo busca silencio. Maite huye de los ruidos, detesta el estruendo de las obras pero no le importuna para nada el sonido "humano". En lo que respecta al bloqueo creativo, si es que llega, se va a nadar y cuando se despeja vuelve a la carga. Lástima que me ha confesado que nunca escribirá un libro explicando su método (¡¡cáchis!! Con lo bien que se le da esto de escribir).

miércoles, 22 de julio de 2009

PERIODISTA Y ESCRITORA


Hace algún tiempo, alguien que no estaba muy por la labor de echarme flores, me dijo que el periodismo no tenía nada que ver con escribir, refiriéndose a ser escritor (supongo que para hacerme de menos o quitarme autoridad en la materia). Vaya, la verdad es que flipé. Esa persona creía que yo carecía de méritos en lo de escribir y, sin embargo, le daba atribuciones a una persona a la que creía que sabía mucho de ello para que le corrigiera su manuscrito cuando, en realidad, la correctora era graduada social. Supongo que eso tiene que ver más con la literatura que el periodismo.
Cierto es que Literatura y Periodismo son cosas diferentes. Pero cuando una se ha formado en la cantera de la prensa escrita algo debe de saber sobre el arte o el oficio de escribir. Cuanto menos se le presupone un dominio de la gramática, ortografía… Hace unos días, leyendo un artículo de la escritora argentina Luisa Peluffo me vino a la cabeza este tema.
En dicho artículo se comentaba que “durante muchos años los escritores, desde Roberto Arlt hasta Osvaldo Soriano, se formaron en las redacciones”. Y citaba nombres como Sábato o Borges (ahí es nada). También hacía referencia a Hemingway que trabajando como redactor en el diario “Kansas City Star” aprendió a escribir “sin relleno, ni adjetivos ni adverbios; sólo sangre, huesos y músculos” (el entrecomillado son palabras del propio escritor). Al parecer el redactor jefe del diario le dejaba notas escritas con el siguiente enunciado: “Escriba con frases claras y concisas, no se haga el artista”. Según él, fueron las mejores reglas que aprendió sobre el arte de escribir.
Rosa Montero, Isabel Allende, Maruja Torres… son algunas de mis escritoras favoritas que antes fueron periodistas. Todas ellas tienen un estilo claro, conciso, directo… muchas veces poético pero natural, nada rimbombante, forzado o prefabricado. Personalmente, me cargan un poco los escritores que en cada una de sus obras se empeñan en demostrar lo mucho que saben y lo bien que escriben. En fin, cada uno que crea lo que le apetezca. Esta es sólo una reflexión.

martes, 21 de julio de 2009

MIS TRUCOS PARA ESCRIBIR RELATOS

Soy una gran amante del relato breve, el género que más he cultivado. A juzgar por los resultados obtenidos a día de hoy parece que hacerlo no se me da del todo mal. Como en el caso de la novela, cuando escribo relatos lo hago de manera bastante instintiva. Me siento frente al teclado y las palabras empiezan a salir sin más con el repiqueteo de mis dedos y se van agrupando en frases y… Supongo que tengo tan interiorizado el acto de escribir que no me paro demasiado a pensar en cómo lo hago. Para mí es una cosa bastante natural: es mi trabajo. Pero como se trata de dar algún tipo de idea entraremos a analizar.
A veces escribo porque me ha venido una idea buenísima a la cabeza (al menos a mí me lo ha parecido). Otras, hay un tema prefijado sobre el que escribir, sobre todo en el caso de los concursos en los que la temática no es libre. Es en este segundo caso cuando sí aplico un método. Es sencillo. Consiste en buscar información sobre ese tema. Ideas, palabras… todo lo que me sugiere. Tomo notas en un papel, lo que se denomina ítems. Es muy parecido al brain storm pero documentándonos. Supongo que es una de las rutinas periodísticas que más utilizo.
Buscar en el diccionario la definición de las palabras clave también ayuda. No se trata de que no conozcamos su significado es, simplemente, darle herramientas a nuestra imaginación para que vuele más alto.
Casualmente los tres premios de relato que he ganado han sido en concursos con temáticas preestablecidas. El primero fue el IV Concurso Literario de La Rosa de Barcelona y el tema era la diversidad. Apliqué esta técnica, además de preguntar a mi compañero qué le sugería la palabra diversidad. Os diré lo que apunté en la libreta de notas de la que me ayudo cuando escribo: “diversidad=diferencia. Mientras somos niños somos iguales, nos hacemos diferentes al crecer”. A partir de ahí ideé un mundo de niños de colores que me ayudó a conseguir mi primer hito literario.
Los miembros del jurado de ese primer premio eran algunos profesores y filólogos que procedieron a puntuar las obras presentadas a concurso como si de redacciones de sus alumnos se tratara. Así recibí una copia de mi relato para poder leerla en voz alta el día de la entrega de premios que aparecía puntuada con un 9’5/10. Fue como volver al cole ja ja ja. En el margen superior izquierdo, anotado con letra de profe, como en los viejos tiempos: Muy original. Historia bien desarrollada. Trata de la diversidad a través del género del cuento.
Seguro que hay técnicas mucho mejores que esta. Sigo investigando y aprendiendo para llegar a conocerlas. Ya os contaré más.

domingo, 19 de julio de 2009

EL BLOQUEO CREATIVO


El bloqueo creativo llega a veces, cuando menos lo esperamos. El miedo a la página en blanco. La búsqueda infructuosa de una brillante idea sobre la que escribir. Esa idea que no llega y nosotros que somos incapaces de enlazar dos palabras seguidas con un mínimo de sentido. No creo demasiado en la inspiración divina, en las musas, o mejor sea decir que sí creo en ellas pero como un complemento al trabajo duro. Podemos tener una idea maravillosa pero se quedaría en nada si no la trabajásemos.
Quienes tenemos el hábito de escribir interiorizado como una rutina, como parte de nuestro trabajo, difícilmente tenemos bloqueos creativos. Escribimos por inercia, sea bueno o malo, y nunca dejamos la página en blanco. En nuestro caso yo hablaría más bien de desgana o desánimo, de no estar conforme con los resultados de nuestro trabajo. En todo caso, si el bloqueo llega hay maneras de combatirlo. Cada uno tendrá las suyas y aquí exponemos algunas que suelen funcionar.
Ante todo no hay que caer en el desánimo. En esta vida y para todo es importante la actitud que se tiene frente a las cosas. Ser positivo nos ayudará a enfrentarnos al bloqueo. Olvidarlo durante un rato y salir a dar un paseo para cargarnos de estímulos también.
En determinadas culturas la creación es considerada un tipo de descubrimiento y es por eso que se anima a las personas a cuestionarse las cosas, a investigar y a experimentar. Esta es la mejor manera de mantener en forma nuestra creatividad: ejercitándola. Es necesario que buceemos en nuestra propia mente, que formulemos ideas por muy raras que nos parezcan y que las desarrollemos.
La llamada tormenta de ideas, brain storm en inglés, es un método buenísimo. Se trata de pensar, de asociar ideas e ir apuntando todo lo que se nos pase por la cabeza. Pensar sin trabas ni autocensura. Después, nos ponemos manos a la obra con la que nos guste más o nos parezca más adecuada.
Hay que escribir sin pensar en el resultado. Escribir por el puro placer de hacerlo, disfrutándolo. Creo que la idea más sosa, la más trillada, puede resultar brillante si sabemos darle un buen enfoque, escribirla con maestría. Oí una vez una anécdota que siempre refiero. Alguien le preguntó a un escritor muy famoso (mi mala memoria me impide recordar su nombre) que le diera una buena idea para una novela, una de esas ideas que tan bien le funcionaba a él. “Un hombre y una mujer. Una historia de amor. Aquí tiene usted una buena idea.”, le respondió el escritor.

jueves, 16 de julio de 2009

LOS RITUALES


Nos rodeamos de ellos y los repetimos incansablemente, cada vez que nos disponemos a escribir. Forman parte de nuestro “método”. Pueden parecer una tontería pero todos sabemos que es de las pequeñas cosas de lo que está hecha la vida. Se trata de esos detalles, vicios, costumbres… como queramos llamarles, que cada uno de nosotros pone en marcha a la hora de escribir. Yo les llamo los rituales. Crear el nuestro propio nos ayudará a sentir que se está poniendo en marcha el proceso de escritura, que nos disponemos a entrar en ese mundo de letras que se unen formando las palabras que nosotros convertiremos en nuestras propias frases. Son perfectos para ambientar, para crear conciencia de lo que estamos haciendo. En un puesto de trabajo “normal” no hay que crear un ambiente porque este ya nos viene dado, impuesto. En esto de escribir es bueno, interesante y muy agradable crear un espacio a nuestra imagen y semejanza, un refugio en el que sentirnos bien para que fluya la creatividad.
Hay quien necesita silencio absoluto para poder escribir pero hay quien prefiere escribir mientras escucha música (las madres con niños pequeños tenemos que habituarnos a todo, incluidos los por qués de turno y los repetidísimos episodios del repelente de Caillou). Un café y un cigarrillo o un vaso de licor casan bastante bien con la imagen de ciertos escritores de antaño, aquellos canallas abocados a la bohemia y el malvivir. Yanitiza Canetti come ingentes cantidades de dulce cuando escribe (un método estupendo pero que deja vistosas “secuelas” aunque a ella y a sus escritos les sienta estupendamente bien). Existen cientos de rituales, tantos como personas que se sientan a escribir.
En mi caso, una barrita de incienso quemándose y desprendiendo su aroma en el aire de la habitación, una taza de té que me haga compañía y un diccionario a mano. No me hace falta más. Bueno, mi desgastado teclado y, si el día se me da bien, la visita de las casquivanas musas. Y así empieza otra historia...

miércoles, 15 de julio de 2009

MI DECÁLOGO


Este es mi decálogo, mis diez máximas en esto de escribir. Mi declaración de principios de cómo veo yo el oficio literario.
1.- Escribir, escribir y escribir porque a escribir sólo se aprende escribiendo.
2.- Reescribir. Releer y pulir, trabajar el texto para enriquecerlo.
3.- Buscar ideas constantemente. La mente debe viajar por su cuenta y ser capaz de encontrar inspiración en todas y cada una de las cosas que nos rodean.
4.- No es tan importante la historia sino cómo está escrita (esto me remite al “no hay nada nuevo bajo el sol” y sólo nuestra forma de contar las historias nos hará diferentes).
5.- No existen las fórmulas mágicas. Sólo hay una fórmula: el trabajo y si llega la inspiración que te encuentre trabajando (creo que esto último lo dijo Picasso).
6.- No quieras llegar y besar el santo. La fama cuesta y es aquí donde vas a empezar a pagar… con sudor (esto creo que lo decía Lydia Grant, la profesora de danza de la mítica serie “Fama” de los 80).
7.- No intentes ser quien no eres. No imites a tus autores favoritos. Las influencias son justas y necesarias, inevitables, pero hay que encontrar el estilo propio de cada uno. Vuela libre por los inmensos cielos de la imaginación y las palabras.
8.- Las críticas constructivas enriquecen, ríete de las destructivas. (Pero también, sé tu crítico más duro).
9.- Todos los caminos llevan a Roma. Camina. Haz camino al andar. Si trabajas duro al final lo conseguirás. Si eres realmente bueno, lo conseguirás.
10.- La suerte existe pero hay que salir a buscarla. No creas tanto en los milagros como en ti mismo.

lunes, 13 de julio de 2009

MÉTODOS


Los escritores tenemos un método o, según parece, debemos tenerlo. Supongo que yo también, pero la primera vez que alguien me preguntó por esa cuestión no supe qué responder. Fue durante una conversación con el escritor Ángel de Aluart. Él me dijo que utilizaba el método de Lovecraft. Yo quedé impresionada y le dije que en mi caso, me sentaba frente al ordenador y dejaba salir lo que estaba dentro de mi cabeza. “Collons” (Cojones), dijo él, “pues si el resultado es el que he leído, es un método cojonudo”.
Hace unos meses discutía a ese respecto en el espacio radiofónico de libros en el que participaba hasta hace poco. El director de la emisora me intentaba convencer de que todo el mundo tiene un método y me estuvo explicando varios que, según él, eran los adecuados. Cuando yo le comentaba lo que suelo hacer cuando me pongo a escribir él insistía en que eso no era lo correcto y que aunque funcionara (por lo menos ha funcionado una vez y creo que tengo la prueba)insinuó poco más o menos que era una mierda. A mí, todo lo que él me contaba me sonaba a chino, la verdad, era lo que yo califico de “sabiduría superior”.
No soy una intelectual ni pretendo serlo. Sólo explico historias. Es por eso que no puedo hacer grandes diatribas sobre métodos literarios. Sólo puedo decir que todos son buenos si dan resultado. Cada maestrillo tiene su librillo, se suele decir, y en este caso es del todo cierto. Conozco, por haberlos leído, los métodos de algunos escritores. En el caso del de Jordi Sierra i Fabra no sólo lo he leído sino que he tenido la gran suerte de hablar de él con su autor y de ver y tocar algunos de los guiones que Jordi elabora antes de ponerse a escribir.
Personalmente considero que cada proyecto que acometemos, dada su particular idiosincrasia, requerirá de un método concretro. Me explico. “El susurro de los árboles” llevaba mucho tiempo gestándose en mi cabeza. Desde los 11 años me había interesado el tema de la Dictadura Chilena y había leído mucho sobre ello. Lo primero que escribí fue un relato. Después, poco a poco fui fueron surgiendo otros relatos y al final sólo necesitaba un hilo conductor, una trama principal que los uniera todos. El resultado no es perfecto, seguro, pero funcionó y desde YoEscribo.com consideraron que se merecía un premio.
El caso de “La hija del escriba”, la novela que llevo ya un tiempo documentando y preparado, es más complicado. Igual que la otra se trata de una novela histórica pero esta requiere muchísima más documentación y mucha más precisión en los detalles. Además, puesto que tratará sobre las intrigas palaciegas en la corte del faraón, toda la acción tendrá que estar prefijada desde el principio y hasta puede que tenga que elaborar un guión (que es algo que muchos escritores hacen).
Como ya he contado soy escritora de libretitas y lo que sí suelo hacer es ir anotando detalles en una libreta. Lo hago conforme voy escribiendo y así cuando, por ejemplo, un personaje vuelve a salir no tengo que buscarlo en el grueso del texto sino que tiro de las notas de mi libreta para situarme y no errar. También me apunto lo que ha ocurrido en cada capítulo una vez escrito. Vamos, que hago guiones a posteriori, soy así de rara.

domingo, 12 de julio de 2009

IDEAS Y TEMAS


No hay nada nuevo bajo el sol, eso creo que está claro, así que más importante que las ideas o los temas, es la manera de escribir. Eso es lo que nos hará realmente diferentes. De todos modos está claro que una buena idea es fundamental, necesaria para empezar. ¿De dónde las podemos sacar?
Las ideas aparecen en el momento más inesperado. Un comentario, una situación o simplemente un virage de nuestra mente. Por eso mi consejo es llevar siempre encima a mano una libretita y un bolígrafo o un lápiz para poder anotar todo lo que se nos venga a la cabeza. Soy escritora con libretita pero mi amigo el escritor Carlos Hugo Asperilla, autor de “Rosas Blancas par Wolf”, toma notas en su teléfono móvil y hay a quien le va estupendo escribir lo que se le ocurre en servilletas de papel. Todo depende de los gustos y, a veces, de las ocasiones.
Las ideas son sólo destellos. A partir de ahí queda mucho trabajo por delante. Esa primera luz tiene que desarrollarse y para ello es aconsejable buscar documentación. Aunque sean historias inventadas que hayan nacido en nuestra mente, nunca está de más buscar información, definiciones… ello puede darnos más ideas. También es bueno hablar del tema con alguien y preguntarle qué le sugiere a él o a ella.
En cuanto a los temas, ¡¡hay tantos!! Mi consejo es escribir sobre cosas con las que nos sintamos identificados. De esa manera la implicación será mayor y eso dará veracidad a nuestras palabras. En mi caso concreto suelo escribir sobre cosas con las que me siento muy implicada (casi siempre temas de derechos humanos). Esa opción es la que mejores resultados me está dando hasta el momento.
Hay quienes aconsejan no escribir sobre uno mismo. Pero, a veces, si uno tiene algo muy interesante que contar, esa máxima no vale. Sí creo que es mejor no revelar que estamos escribiendo sobre nosotros. Lo que sí está claro es que debemos escribir sobre cosas que conocemos o, en caso de no conocerlas, documentarnos tan bien que el lector no sea capaz de darse cuenta de que nunca hemos estado en ese país o que no sabíamos nada de su historia antes de empezar a escribir.
Un par de cosas más. Pobre de aquel escritor cuya vida es más interesante que las historias que cuenta. Aprovechemos también las licencias literarias que tenemos a mano y que nadie pueda reprocharnos que no hacemos un buen uso de ellas. Nos somos notarios, somos escritores. Hagamos un buen uso de la IMAGINACIÓN.

(En la foto se pueden ver algunas de mis muchas libretitas llenas de anotaciones de ideas).

EL ACTO DE ESCRIBIR


Escribir es un acto íntimo, solitario. El acto creativo se desarrolla en soledad. Para llevarlo a cabo se hace imprescindible tener un lugar destinado a ello. Este lugar, la habitación propia de la que hablaba la gran Virginia Woolf, es tanto un espacio físico como un espacio mental. Necesitamos nuestro rincón pero también necesitamos que nuestra mente encuentre las condiciones necesarias para ponerse en marcha.
Ahora nos hace falta un soporte. Éste dependerá de los gustos, circunstancias o posibilidades de cada uno. Escribir con un ordenador resulta lo más cómodo, seguramente, pero basta con un papel y un lápiz para dar rienda suelta a la escritura. Conocí a un gran periodista que en pleno siglo XXI seguía entregando sus colaboraciones escritas a máquina, él podía permitírselo porque era muy grande. Jaume Beltrán se llamaba este buen amigo, un periodista de los de antes, de los que se hacían a sí mismos sin necesidad de cursos ni universidades. También os puedo contar de un amigo escritor mucho más joven que hasta hace poco escribía sus novelas ¡¡a mano!!
Las condiciones necesarias para escribir dependerán de cada persona. Algunos de nosotros tenemos hasta algunos rituales de los que, si os parece, podemos hablar otro día. Aunque parezca una tontería estos rituales ayudan a crear un hábito. Crear el hábito es proponerse escribir a diario de manera seria y sistemática. Es preciso destinar cada día a la misma hora destinar un tiempo a escribir. Bastará con empezar por una media hora.
Esto que os cuento no me lo invento ni me lo saco de la manga. Existen libros que hablan de ello. Un ejemplo es el de la escritora Natalie Goldberg. La obra en cuestión se titula “El rayo y el trueno” y llegó a mis manos allá por el año 2004. Es una especie de manual de autoayuda para escritores. No sé si recomendarlo pero ciertamente a mí me sirvió para darme cuenta de que mi sueño no era una tontería y me dio las bases de lo que vino después. Tenemos el espacio y el soporte. Sólo nos queda ponernos a escribir.

ESCRIBIR


“Escribir es musicar la vida con palabras. Leer es cantar por dentro sin música.” Jordi Sierra i Fabra, La página escrita.
Escribir es para mí como respirar. Necesito escribir a diario si no siento que me falta algo. Todos sabemos escribir. Lo aprendemos en el colegio de pequeños casi siempre. Es algo que tenemos interiorizado como normal y no le damos importancia pero, realmente, saber leer y escribir es un regalo que sólo se valora si se conoce a gente que no sabe hacerlo.
A leer y escribir se aprende pero, ¿se aprende a ser escritor? ¿Qué diferencia al escritor del que simplemente escribe? Deben existir muchas teorías, las cuales desconozco, y como no pretendo hacer grandes tratados ni mucho menos ir de académica, daré aquí mi opinión que de eso es de lo que se trata al fin y al cabo. Para mí se nace escritor. Se pueden hacer mil cursos, aprender todas las técnicas, pero el escritor tiene ese “algo” que lo diferencia.
Para mí ese “algo” que diferencia al escritor es su sensibilidad. El escritor, la escritora, tienen una manera tan especial de decir las cosas que cuando les leemos pensamos: nunca lo hubiera dicho mejor. Tienen la capacidad de decir cosas mil veces dichas pero de manera que nos parezca que las acabamos de oír por primera vez. Nos provocan emociones cuando saboreamos sus escritos, nos conmueven, no nos dejan indiferentes.
A lo largo de mi vida he leído muchísimo y no sólo libros publicados. Ahora tengo la oportunidad de leer escritos de personas que me los hacen llegar porque consideran que mi opinión les puede ayudar. De todos ellos aprendo mucho. Por ejemplo, uno puede escribir con cientos de faltas de ortografía, fallos gramaticales, etc., pero ser capaz de crear una historia que llegue al lector, que le conmueva, que le despierte algo dentro. Hay otros que escriben muy bien, correctamente me refiero, sin faltas, aplicando impecablemente la gramática, utilizando palabras muy cultas y rimbombantes… pero no me dicen nada.
Ser escritor es también una actitud frente a la vida. Como dice Jordi Sierra i Fabra en La página escrita, ser escritor es vivir de lo que uno escribe, bien o mal, pero vivir. Y llegados a este punto pienso en algunos amigos sudamericanos que viven exclusivamente de lo que ganan con sus escritos, para ellos escribir no es como aquí en Europa un “además”, sino su medio de vida. Me quito el sombrero ante ellos por su entrega y su fidelidad a lo que más aman.

sábado, 11 de julio de 2009

¿QUIÉN SE ATREVE?


7.000 euros de premio por 600 caracteres escritos (unas cien palabras), es un buenísimo premio, ¿no? ¿Quién acepta el reto? ¿Quién se atreve? El Museo de la Palabra celebra su primer Concurso Internacional de Microrelato y quiere premiar al ganador con esta bonita suma. Además, se publicará un volúmen con los relatos finalistas.
El microrelato es, a mi entender, uno de los géneros más difíciles, también es uno de los que me parece más artísticos. Cada una de esas pequeñas obras de arte de cien palabras es una verdadera obra de artesanía , un verdadero trabajo de precisión que demuestra el dominio del lenguaje que pueda tener su autor. No todo el mundo se atreve a aceptar el reto y son pocos los que superan la prueba con nota.
Para aquellos de vosotros que queráis daos el gustazo, las bases están en http://www.museodelapalabra.com/. Ganar sería una pasada, quedar finalista ya merece la pensa, participar es todo un reto.

viernes, 10 de julio de 2009

TODO LO QUE SÉ DE ESCRIBIR... QUE ES MÁS BIEN POCO

Empecé a escribir en el cole con cinco años, como hacía todo el mundo allá por los años 70. Mis palotes, mis dictados… luego, cuando cursaba sexto de EGB mis redacciones se hicieron míticas en la clase ya que el profe Antonio, mi profesor de lengua, siempre las ponía como ejemplo a los demás. A mí me daba mucha vergüenza y también un poco de rabia porque siempre me hacía ampliar algunos trozos que según él: se podían desarrollar más.
En segundo de BUP en el instituto elegí el itinerario de Letras, como no, y a los 16 para Sant Jordi conseguí ganar el segundo premio de relato breve al que participé casi obligada porque la profesora de Literatura nos lo pidió encarecidamente. A la hora de ir a la universidad me incliné por el periodismo, yo, la más tímida de la clase convertida por obra y gracia de mi licenciatura en reportera dicharachera. Y todo porque lo único, lo que más me gustaba en esta vida era escribir.
Me he dedicado a escribir y publicar en presa desde los 18 años. Dicen quienes me conocen que siempre he querido ser escritora, aunque a mí durante un tiempo hasta eso se me olvidó. Hace unos años, sin embargo, recuperé mi vida y mis sueños y, puestos a soñar, quise hacer realidad mi sueño. Y lo hice, vaya si lo hice.
Ahora, con una novela publicada (aunque no sea como Dios manda), algunos premios literarios a mis espaldas, un relato publicado en un antología conjunta y otro en una revista mejicana y algunos en revistas en la red, se me ha ocurrido que, tal vez, desde la modestia más grande de todas las modestias, lo poco que sé pudiera servirle de ayuda a alguien. Así nace la idea de este blog: Todo lo que sé de escribir… que es más bien poco. Espero que os guste y que, como siempre, participéis en él con vuestros comentarios.