domingo, 19 de julio de 2009

EL BLOQUEO CREATIVO


El bloqueo creativo llega a veces, cuando menos lo esperamos. El miedo a la página en blanco. La búsqueda infructuosa de una brillante idea sobre la que escribir. Esa idea que no llega y nosotros que somos incapaces de enlazar dos palabras seguidas con un mínimo de sentido. No creo demasiado en la inspiración divina, en las musas, o mejor sea decir que sí creo en ellas pero como un complemento al trabajo duro. Podemos tener una idea maravillosa pero se quedaría en nada si no la trabajásemos.
Quienes tenemos el hábito de escribir interiorizado como una rutina, como parte de nuestro trabajo, difícilmente tenemos bloqueos creativos. Escribimos por inercia, sea bueno o malo, y nunca dejamos la página en blanco. En nuestro caso yo hablaría más bien de desgana o desánimo, de no estar conforme con los resultados de nuestro trabajo. En todo caso, si el bloqueo llega hay maneras de combatirlo. Cada uno tendrá las suyas y aquí exponemos algunas que suelen funcionar.
Ante todo no hay que caer en el desánimo. En esta vida y para todo es importante la actitud que se tiene frente a las cosas. Ser positivo nos ayudará a enfrentarnos al bloqueo. Olvidarlo durante un rato y salir a dar un paseo para cargarnos de estímulos también.
En determinadas culturas la creación es considerada un tipo de descubrimiento y es por eso que se anima a las personas a cuestionarse las cosas, a investigar y a experimentar. Esta es la mejor manera de mantener en forma nuestra creatividad: ejercitándola. Es necesario que buceemos en nuestra propia mente, que formulemos ideas por muy raras que nos parezcan y que las desarrollemos.
La llamada tormenta de ideas, brain storm en inglés, es un método buenísimo. Se trata de pensar, de asociar ideas e ir apuntando todo lo que se nos pase por la cabeza. Pensar sin trabas ni autocensura. Después, nos ponemos manos a la obra con la que nos guste más o nos parezca más adecuada.
Hay que escribir sin pensar en el resultado. Escribir por el puro placer de hacerlo, disfrutándolo. Creo que la idea más sosa, la más trillada, puede resultar brillante si sabemos darle un buen enfoque, escribirla con maestría. Oí una vez una anécdota que siempre refiero. Alguien le preguntó a un escritor muy famoso (mi mala memoria me impide recordar su nombre) que le diera una buena idea para una novela, una de esas ideas que tan bien le funcionaba a él. “Un hombre y una mujer. Una historia de amor. Aquí tiene usted una buena idea.”, le respondió el escritor.

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