domingo, 26 de julio de 2009

LEER PARA ESCRIBIR


En una de las muchas clases de teoría del lenguaje a las que asistí en la universidad me hicieron leer un libro que hablaba sobre lectura y escritura. Cuando hablo de lectura no me refiero a descifrar un texto, esa es una función mecánica. Me refiero a leer como una de las mejores maneras de aprender.
Creo recordar que el libro en cuestión era “El lenguaje” de Edward Sapir. Podría intentar buscarlo para contrastar lo que digo pero es una tarea titánica meterse en mi parking a rebuscar entre las muchas cajas de libros que continúan apiladas después de la mudanza. Una de las ideas que recuerdo era que todo gran escritor ha sido o es un gran lector pero no necesariamente un gran lector tiene que ser un gran escritor (aunque puede aprender a serlo). A lo largo de estos años me he encontrado con mucha gente que se cree que el haber leído mucho es la credencial suprema que les legitima como escritores. Estos mismos luego no son nada sin el corrector de textos (no hay más que ver sus blogs plagados de faltas de ortografía) y suelen escribir textos redundantes ya que repiten palabras sin hacer uso de los sinónimos u otro recursos (lo cual denota una clara pobreza de vocabulario). No es una crítica, es una constatación de hechos.
El caso es que leer es una de las mejores maneras de aprender a escribir, la otra, la principal, es escribir. Leer pero de una manera crítica y analítica. Fijándose en las estructuras, en los recursos que hace servir cada autor, buscando palabras que no entendemos en un diccionario para ampliar nuestro vocabulario y fijándonos en las grafías para no cometer faltas de ortografía.
Leer analizando, parándose a reflexionar sobre la belleza de una frase, su profundidad, la manera en que nos ha tocado emocionándonos o hiriéndonos, asustándonos o haciéndonos reír. Pero cuidado, también corremos el peligro de convertirnos en burdos imitadores de otros escritores. ¿Cómo huir de ello? Intentando siempre ser uno mismo. Explicando las historias a nuestra manera utilizando nuestras propias palabras sin artificios forzados.

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