sábado, 19 de noviembre de 2011

OS RECOMIENDO UN MANUAL DE TÉCNICAS NARRATIVAS


Se titula Escribir. Manual de Técnicas Narrativas y lo ha escrito Enrique Páez para SM. Sesenta y cinco capítulos llenos de ejemplos prácticos, recomendaciones bibliográficas y propuestas de ejercicios. Sencillo y ameno. Creo que no se puede pedir más.

martes, 4 de octubre de 2011

Mi reseña de Escribir ficción de Edith Warthon aparecida en La Biblioteca Imaginaria


Escribir ficción, como bien indica su nombre, es un libro sobre el arte de escribir ficción, un interesante manual de escritura creativa. Está formado por una serie de artículos publicados por la neoyorquina Edith Wharton en la revista Scribner’s entre 1924 y 1925. Estos textos aparecieron por entregas y ahora ven la luz en un solo volumen traducidos y prologados por Amelia Pérez de Villar. Excelentes tanto el uno como la otra, prólogo y traducción.
Cuando Wharton se puso a escribir estos artículos ya contaba con una notable experiencia que la legitimaba para poder hablar y teorizar sobre el oficio de escritor. Autora de varias novelas, relatos y poemas, en 1920 se había convertido en la primera mujer que recibía un Pulitzer gracias a su novela La edad de la inocencia. En aquella época en la que ser mujer era bastante complicado debió serlo más aún el binomio mujer escritora. Pero además, Wharton contaba con el beneplácito de la crítica.
La obra que nos ocupa consta de dos partes. La primera, titulada como el volumen completo, está dividida en cinco apartados: En general, Contar un cuento, Construir una novela, Personaje y situación en la novela y Marcel Proust, capítulo éste en el que analiza la obra del escritor francés desde su particular punto de vista. La segunda parte lleva por título El vicio de leer. Cada uno de estos artículos pos si solo puede considerarse como un ensayo breve. A través de ellos analiza la técnica, la forma, el estilo, el tema y la trama.
Pero Wharton no pretende para nada sentar cátedra, en absoluto, simplemente reflexiona sobre un oficio que conoce a la perfección y lo hace poniendo como ejemplo un buen número de novelas de grandes autores. De ello deducimos que además de buena escritora era una buenísima lectora. De la importancia que concedía a la lectura nace el capítulo que pone fin al libro y que, como decíamos, lleva por título El vicio de leer.
Su estilo es sencillo pero, como dice Pérez de Villar, riguroso y de gran valor didáctico. Sorprende que pese a estar escrito hace casi un siglo muchos de sus preceptos sigan en vigor actualmente. Wharton nos regala sus reflexiones en esta obra en la que intenta sintetizar todo lo que sabe sobre el oficio de escribir ficción. Es evidente que tenía mucho que decir, que sabía bien de lo que hablaba y lo dijo a través de estos cinco artículos que constituyen un tratado de escritura, un estupendo compendio de consejos sobre la creación literaria.

viernes, 26 de agosto de 2011

Escribir ficción de Edith Wharton.


Un libro muy recomendable. Os paso la ficha técnica:
Escribir ficción
Edith Wharton
Editorial Páginas de Espuma
Colección Voces/Ensayo 157
ISBN: 9788483930823
176 páginas
PVP: 16 euros
En unas semanas tendréis la reseña en La Biblioteca Imaginaria. Colgaré el enlace por si a alguien le interesa.

martes, 14 de junio de 2011

"ESCRIBIR UN CUENTO: UNA TESIS DE HORTOFRUTICULTURA"


"Escribir un cuento es como sembrar un huerto: hay que aprovechar un espacio no muy grande para plantar las ideas, hay que regar, quemar rastrojos, porque no hay lugar para lo innecesario. Es importante airear la tierra, dejando espacio para que se pueda ir colando esa segunda historia. Ciertas plantas no pueden ir juntas, sus raíces se entrecruzan y se entorpecen. Si una planta es hermosa, o útil, o ambas cosas, dejémosla sola, no la estorbemos. Tampoco hay que dejarse abatir por el cansancio: si no logramos los frutos deseados, no hay que abandonar, probemos con otra distribución, dejemos descansar la tierra. Acaso los arbustos más prometedores no den fruto pero, en cambio, esquejes insignificantes pueden lograr un bello desarrollo. Y están los gusanos, porque no sólo lo hermoso tiene cabida en un cuento. Escribir es cortar, quitar, plantar, poner, regar, dejar morir, recoger, comer, abonar, replantar, podar -sobre todo podar-, volver a recoger, comer los frutos, dejar en barbecho, hundir las rodillas en el barro, quedarse dormido a la sombra de un árbol.
Álvaro Belderrain García"

Tomado de El Blog del Taller
http://talleresdeescrituracreativa.blogspot.com/2011/06/escribir-un-cuento-una-tesis.html

jueves, 12 de mayo de 2011

TOMAD NOTA: LOS 10 PASOS PARA CONVERTIRSE EN JOVEN PROMESA LITERARIA

No existen las recetas pero en este artículo de Manuel Astur González publicado en Revista de letras seguro que encontráis muchos consejos interesantes. Ahí va el enlace http://www.revistadeletras.net/los-10-pasos-para-convertirse-en-joven-promesa-literaria-por-manuel-astur-gonzalez/.

jueves, 7 de abril de 2011

MÁS ENTREVISTAS

Os dejos los enlaces a mis entrevistas con Dolores Redondo y David Roas. Espero que os gusten.
http://www.libros2.ciberanika.com/desktopdefault.aspx?pagina=~/paginas/entrevistas/entre545.ascx

http://libros2.ciberanika.com/desktopdefault.aspx?pagina=~/paginas/entrevistas/entre539.ascx

viernes, 25 de febrero de 2011

DOS AUTORES DE LUJO


Os dejo los enlaces a las entrevistas que les hice a Óscar Esquivias y a Daniel Sánchez Pardos, dos escritores de lujo.
http://libros2.ciberanika.com/desktopdefault.aspx?pagina=~/paginas/entrevistas/entre527.ascx
http://libros2.ciberanika.com/desktopdefault.aspx?pagina=~/paginas/entrevistas/entre526.ascx
Espero que os gusten.

sábado, 22 de enero de 2011

20 AÑOS 20 LECCIONES


ANTONIO MUÑOZ MOLINA 22/01/2011 El País, http://www.elpais.com/articulo/portada/anos/lecciones/elpepuculbab/20110122elpbabpor_10/Tes
La lectura enseña tanto como el ejercicio de la escritura. Una celebración como la presente puede servir de pretexto para extraer conclusiones, para poner en claro algunas de las enseñanzas que ese ir y venir a través del lenguaje deja en quienes aman la literatura
1 He aprendido que la ficción no tiene por qué ser la forma superior de la literatura narrativa. Quizás una novela sólo deba escribirse cuando no queda más remedio: cuando lo que hace falta decir sólo puede ser dicho inventando.
2 He aprendido las ilimitadas posibilidades expresivas que contiene el relato estricto de ciertos hechos: muchas de las mejores páginas de literatura que he leído en este tiempo pertenecen a libros de historia, a memorias, a biografías, a textos de divulgación científica, a artículos o reportajes de periódico.
3 He aprendido las ventajas de sumergirse en otro idioma: en el viaje de ida se descubre la música propia de otras lenguas y la voz verdadera de escritores a los que uno creyó conocer bien leyendo traducidos; en el viaje de vuelta uno se vuelve más sensible a la poesía implícita en su propia lengua, que antes no siempre advertía.
4 He aprendido algo que le oí decir a Salman Rushdie en Granada, en 1995: mientras escribe una novela un escritor de prosa debe leer mucha poesía, para aprender de su disciplina verbal y no dejarse llevar por la autoindulgencia palabrera. En la poesía se aprende precisión.
5 He aprendido a desconfiar del estilo, que cuando no es sino el sonido singular de la propia voz puede convertirse en una colección de muletillas, automatismos y parodias de lo que uno mismo ya ha escrito.
6 He aprendido que uno debe desconfiar de sus facultades, reales o presuntas, y sacar todo el provecho que pueda de sus limitaciones.
7 He aprendido que escribir es empeñarse y es dejarse llevar en la misma medida en que es contar algo que se sabe y también aventurarse en lo que no se sabe y no habrá manera de que llegue a saberse si no es mediante la escritura misma.
8 He aprendido que la percepción del lector común aficionado a la literatura tiende a ser más aguda y más libre de prejuicios que la de la media de los expertos, críticos o profesores.
9 He aprendido que los prejuicios y los malentendidos lo influyen a uno mucho más de lo que cree, de modo que hace falta estar en guardia siempre contra ellos: quizás si Virginia Woolf no hubiera sido una mujer yo no habría tenido que llegar a los cincuenta años para descubrir la radicalidad estética y la hondura humana de novelas como Mrs. Dalloway o To The Lighthouse.
10 He aprendido que por muchos años que uno cumpla y mucha familiaridad crea tener con la literatura siempre está haciendo descubrimientos jubilosos que lo deslumbran, como un geógrafo o un explorador al que le fuera dado descubrir una nueva montaña, un nuevo continente: así encontré hace unos años Vida y destino, de Vasili Grossman, que era como un Everest en el que casi nadie hubiera reparado, o Under the Volcano, que debí haber leído cuando era más joven, pero que tal vez por la edad a la que llegué a ella me hizo una impresión todavía más profunda.
11 He aprendido que en la música o en la pintura -y en la fotografía, y en el dibujo- se contienen lecciones fundamentales para mi oficio de escribir: en la música un sentido de la composición y del flujo del tiempo que organiza el relato de una manera más flexible y menos evidente que la trama argumental; de la pintura, una disciplina de la observación y el espacio. En el dibujo y en la música de jazz hay un aprendizaje específico, o tal vez sólo un propósito: el instante atrapado en un instante; el acto mismo de la escritura como momento supremo, presente soberano que no existía antes ni será posible, al menos de la misma forma, un minuto después.
12 He aprendido que los únicos estimulantes que necesito para escribir están dentro de mí mismo, en la orgía electroquímica de los neurotransmisores que combinan súbitamente imágenes del recuerdo o de la fantasía en un sueño lúcido. Por comparación con esa efervescencia el efecto de cualquier droga, de la nicotina o del alcohol es una bagatela, un gasto inútil de energía física y mental.
13 He aprendido que el ejercicio físico y las tareas prácticas ayudan a que se dispare la imaginación y a que las ideas, las imágenes, las conexiones, las palabras, surjan más velozmente. Gracias a la ebriedad de oxígeno de una carrera o de una buena caminata o a la atención alerta y la multiplicidad de pequeñas tareas necesarias para cocinar un arroz he inventado personajes o situaciones o giros argumentales que de otra manera no habrían surgido.
14 He aprendido que una parte muy grande del trabajo de escribir un libro se ha ido haciendo sin que uno se diera cuenta mucho antes de que comience la escritura. El proyecto de una novela o de cualquier texto narrativo sólo vale algo cuando es el resultado de la cristalización de experiencias, lecturas, imágenes, recuerdos, deseos, que de pronto se hacen visibles y se vinculan entre sí como en un mapa de conexiones neuronales.
15 He aprendido que ninguna vivencia, ninguna historia, es en sí misma tan particular o tan local que no pueda hacerse universalmente inteligible; y también que nada hay tan provinciano como ciertas formas enfáticas de cosmopolitismo.
16 He aprendido que en cada generación hay un cierto número de escritores jóvenes que llegan a convencerse, con la ayuda de algunos periodistas y críticos, de que su juventud no es un hecho transitorio y bastante frecuente, sino un rasgo absoluto de originalidad y talento.
17 He aprendido que de todos los personajes que inventa un novelista el menos sólido, el menos verdadero, el más convencional, suele ser el personaje público en el que se convierte a sí mismo.
18 He aprendido a convivir con la inseguridad y con el desaliento, con la incertidumbre irremediable sobre el valor de lo que he hecho, con la vulnerabilidad ante los juicios negativos y la sospecha de que puedan ser menos infundados que algunos elogios.
19 He aprendido que nada más terminado un libro ya empieza a convertirse en un remordimiento que unas veces se cura con el tiempo y otras no, y para el que solo existe el antídoto de empezar otro libro en el que será posible no cometer los mismos errores: si hay suerte, se cometerán errores distintos.
20 He aprendido que todo lo que me gusta me gusta todavía más que hace veinte años: escribir, leer, mirar cuadros o películas, escuchar música, pasearme por las ciudades que amo, estar cerca de las personas queridas, acordarme de las que se fueron, que a veces vuelven en los sueños; y me pregunto qué cosas que ahora ni sospecho aprenderé si vivo otros veinte años, qué historias de las que ahora no sé nada surgirán en la imaginación y se convertirán en libros, no necesariamente novelas, libros que se parezcan tan poco a los que he escrito ahora como mi vida presente a la de hace veinte años.